Reiki en mi vida.


MI LINAJE DE MAESTROS DE REIKI
Cuando doy los cursos de Reiki, a mis alumnos les gusta saber cómo llegué hasta Reiki, pero les explico que yo no llegué a Reiki, Reiki apareció en mi vida, con tanta claridad que tuve que seguir su energía arrolladora.

Esto sucedió en el año 1999.

A finales de este año comencé a sufrir fuertes episodios de vértigo. Después de hacerme todo tipo de pruebas descartaron que fuera un problema del oído y los médicos llegaron a la conclusión que era de cervicales. Mi hermana me comentó que estaba yendo con mi cuñado a un médico osteópata a tratarse las cervicales y me animé a ir con ella.
Después de hacerme la ficha, Javier (así se llama este osteópata) me llevó a un salón, según dijo para que esperara a que se vaciara alguna de las camillas, ya que estaban ocupadas por otros pacientes. Me sentó en el centro de espaldas a la puerta y, según iba saliendo hizo sonar un gong tibetano. En ese momento creí morir de la sensación de angustia y ansiedad. Mi hermana fue a buscarle y, ante mi insistencia en querer irme de allí, me dijo "llevas toda tu vida huyendo, ahora quédate aquí quieta”. Me tumbó en el suelo y cuando se quedó vacío un gabinete, entre mi hermana y él me llevaron hasta una camilla. Allí comenzó a ponerme las manos y fue como si se abriera la llave de mi lagrimal. Empecé a llorar, a gemir y a llamar a gritos a mi madre.
Mi madre había muerto 4 meses antes, pero yo no había sentido la necesidad de llorar su muerte. No sabía hasta que punto me había afectado, no sabía el hueco que había dejado en mí, porque nunca habíamos tenido una buena relación. Salvo el último año en el que recuperamos todo el cariño que no habíamos sabido darnos durante los años pasados.

El terapeuta estuvo dándome tratamiento, sin parar hasta que me tranquilicé (desde las 11h hasta las 16h.), yo le preguntaba que si no se cansaba y él me dijo “yo no me canso nunca”.
Cuando terminamos, me recomendó que fuera a la consulta 4 días seguidos, y eso hice.
Se me pasaron los vértigos totalmente.

A raíz de esto le pregunté que tratamiento me había aplicado y me dijo: es REIKI. Me explicó lo que era Reiki, que él era maestro y me apunté al primer curso que organizó. Fui una de las alumnas que participaron en su primer curso. Durante esta iniciación de primer nivel, se forjó la amistad con mis buenas amigas Ana y Henar, que perdura a través del tiempo.

Fui respetando los plazos que mi maestro me indicaba para pasar de nivel a nivel y a la vez que mi yo superior iba saliendo más a la luz, mi intuición aumentaba y mi ego se iba acallando un poco, no del todo es evidente, pero creo que le voy dominando.

Hice hasta el tercer nivel de Reiki con Javier León y después me “olvidé” de Reiki desde el año 2003 hasta el 2007. Pensaba que con los tres niveles de terapeuta ya tenía suficiente y no entraba en mis planes la Maestría.
Pero el Universo es así y sin yo saberlo me tenía preparada la Maestría en mi camino.
Un día viendo la Telemadrid estaban entrevistando a John Curtin, Fundador de la Fundación Sauce y Presidente de la Federación Española de Reiki y sus argumentos sobre esta terapia llamada Reiki volvieron a engancharme. En ese momento tuve claro que quería ser Maestra y poder enseñar a otras personas lo que era Reiki. Pedí una entrevista a John Curtin y le dije que quería ser Maestra, me aceptó y me inicié con él.

He hecho mis prácticas como maestra con Jonh Curtin, en la Fundación Sauce, ayudándole en los cursos que se organizan para personal sanitario en diferentes Hospitales de Madrid, colaboro como voluntaria de la Fundación dando sesiones de Reiki al personal sanitario del hospital Ramón y Cajal, en la unidad del dolor, en oncología y en puertas abiertas.
He aprendido a vivir de una manera más equilibrada y armoniosa. Gracias a Reiki, he encontrado la paz, el sosiego y la felicidad. Soy absolutamente feliz cuando veo las caras de alegría y felicidad de mis alumnos.
En la Maestría he encontrado la manera de extender Reiki, para ayudar a los demás a encontrar el camino de la sanación.
No es que ya no tenga problemas en mi vida, los sigo teniendo, pero me enfrento a ellos de una forma más positiva y optimista, he aprendido a relativizar, casi sin darme cuenta. He integrado Reiki tanto en mi vida, que prácticamente lo uso para todo.
¡Todo se puede tratar con Reiki!